El Tai-Chi es una terapia que va directamente al cuerpo. Mucha gente lo asocia con movimientos suaves pero hace falta tiempo y trabajo para llegar a la suavidad auténtica, a movimientos verdaderamente silenciosos, que no escondan ruidos, que no repriman tensiones. Se trata de deshacer el ruido, las tensiones y, en ese sentido, es muy parecido a la Gestalt. Has de mirar tu cuerpo y tu presencia desde todos los ángulos, desde el interior de ti mismo. Nuestro cuerpo es nuestra historia en las posturas, en la manera de hacer cosas. Cuando entramos en la vida interior del cuerpo vamos a encontrar los daños que hemos recibido, los traumas que hemos sufrido. Pero a diferencia de las terapias occidentales, nosotros no intentamos analizar. Entender el por qué no nos interesa mucho. Lo que más nos interesa en este nivel terapéutico es cómo transformar cada momento y mantener tu conciencia. Éste es el punto clave, esto es saber lo que pasa dentro de ti, y esto es lo que transforma.
TEW BUNNAG
El Tai Chi tiene que ser algo sencillo, no una complicación para tener más y más que aprender. Todos estamos hartos desde el colegio de tener que aprender tantas tonterías, lo hermoso de este lenguaje del Tai chi es que nos permite deshacer y desaprender. Cosas como la violencia, la rabia, la impaciencia, las angustias que están en el cuerpo, cosas que no hemos podido afrontar con suficiente honestidad. Si no lo hacemos experimentaremos una vida dividida. Por un lado buscaremos el bienestar pero por otro el cuerpo no nos lo permitirá porque estará tocado.
“En 1975 fui a trabajar con Trumgpa Rimpoché. Su centro era muy experimental, utilizaba las técnicas tradicionales asiáticas mezcladas con las técnicas occidentales, en el centro también se hacía trabajo de psicoterapia. Mi primer papel fue enseñar tai chi y meditación. Trabajamos con la gente que había sufrido tanto a nivel físico como a nivel psicológico y también trabajábamos con los budistas tradicionales. El centro llegó a ser famoso porque en aquella época había muy poca gente que se dedicara a trabajar de esa manera en Europa. Mi profesor de tai chi , el Sr. Lao despertó algo importante en mí. No enseñaba como lo hacen algunos maestros que enseñan a sus discípulos y ellos copian todo exactamente como de un modelo sin poder crear nada. Era algo como compartir la práctica con los amigos. Es por eso que yo tampoco podía hacer algo tradicional y enseñar de esa manera. Nuestro centro era muy experimental y yo, mientras enseñaba tai chi y meditación, también estaba aprendiendo sobre los sueños con una doctora de la escuela de Karl Jung. También y al mismo tiempo estudiaba sobre Bio-Energía. Durante 3 años trabajamos y probamos diversos métodos, tai chi, terapias, body work y meditación. Seguramente cometimos algunos errores pero aprendimos mucho.En estos años el tai chi era algo muy nuevo en occidente. En los años 70 en Inglaterra habían 3 o 4 maestros chinos que hacían tai chi pero parecía que no les interesaba compartirlo con la gente extranjera y sólo lo enseñaban en su comunidad. Así yo estaba más libre de hacer lo que creía en la enseñanza pero quería evitar situarme como un maestro y también quería evitar aquel sistema de enseñanza piramidal. Yo quería una manera de enseñar y trasmitir más abierta donde los alumnos o participantes tomaran su responsabilidad de practicar para conectar consigo mismo a través de la práctica. Creo que el arte del tai chi no se puede importar tal como se hace en Asia, tenemos que adaptarlo e integrarlo en la vida actual con la cultura donde se practica. Creía que esta manera era mucho más sana y también esta era la característica de nuestra comunidad. De hecho yo nunca había pensado ejercer este rol ni de esta manera, fue por casualidad. Pero tenía una misión y sentía que el tai chi iba a ser importante para ayudar a ralentizar el ritmo de la mente, conectar con nuestro propio centro y tener un camino de corazón para desarrollarnos.”